lunes, 12 de marzo de 2012

Castillo del Sobroso

Maqueta del Castillo
Hace unas semanas dije que hablaría de este castillo, y hoy al fin encontré tiempo para ello. Se trata de un castillo medieval construido entre los siglos IX y XI. En el siglo XII, Doña Urraca fue cercada en él por los partidarios de su hijo, pero consiguió escapar y volver a Santiago de Compostela. Más tarde, durante el siglo XV, fue destruido por las Guerras Irmandiñas, y posteriorme reconstruido por Pedro Madruga. A partir el siglo XVII quedó abandonado, aruinándose con el paso de los años. Por suerte, en 1923 fue adquirido por un vecino de Villasobroso, Alejo Carrero, quien lo restaura con dinero de su propio bolsillo y sin ningún tipo de ayuda gubernamental. Finalmente, fue adquirido por el Ayuntamiento de Puenteareas en 1981. Este fue el responsable de terminar de restaurarlo y convertirlo en un museo histórico y etnográfico de la comarca.
 Actualmente es la sede del Centro de Recuperación e Difusión da Cultura Popular del municipio de Puenteareas, en el que desde el año 1998 se mantienen varias exposiciones sobre oficios tradicionales como los de cestero o zoquero, sobre el proceso tradicional de confección del lino, y una colección de trajes regionales de la zona sur de la provincia de Pontevedra. El castillo y las exposiciones pueden ser visitados pagando una pequeña cantidad de 1 euro.
Os animo  ir a verlo. Llegar es muy fácil. y os lo digo yo, que soy experta en perderme. Desde la N-120 cogemos una pequeña carretera que nos lleva a la entrada del castillo precedido por una plaza con un gran árbol central y un crucero. Está abierto de Martes a Domingo, de 10:00 a 13:00 horas y de 16:00 a 19:00 horas.
Por cierto. En un post anterior os hablaba sobre la Pena dos Namorados. Sobre esta había una leyenda, en la que se hablaba de la Torre del Homenaje. Pues bien, esa torre pertenece a este castillo, y desde ella se tienen unas vistas impresionantes.
Añado algunas fotos que saqué. ¡Saludos!










martes, 28 de febrero de 2012

Como Alicia...

Alicia, siguiendo al Conejo Blanco, entra en su madriguera y acaba en el País de las Maravillas. Un lugar mágico donde comiendo pasteles y bebiendo extraños brebajes puede cambiar tu tamaño. Un lugar, en el que los animales hablan, las cartas son soldados, y cualquier cosa, por irreal que parezca, te puede suceder.
Cuando vi este árbol, con su puerta, no pude evitar acordarme de Alicia. ¿Y si lograse abrir esa puerta? ¿Me encontraría al otro lado con un país mágico? En ese momento deseé poder hacerme pequeñita y cruzar al otro lado. Llegar a un mundo mágico, donde todo carece de sentido pero a la vez cada cosa tiene su lógica. Tener un debate con una mariposa, echar una carrera con un jirafa y... ¿Porqué no? Tomar un café con las hadas.
En ese mundo, no habría guerras, ni discusiones, ¡ni problemas! Sus habitantes serían felices, y vivirían cada día una aventura. Y yo las viviría con ellos. Un día iríamos en busca de un tesoro oculto, siguiendo pistas dejadas por los duendes. Otro día, las sirenas nos darían algas mágicas, con las que haríamos una escalera para subir a las nubes.  
Pero ni yo soy Alicia, ni ese árbol esconde la entada a un mundo mágico. Así que soñaré mis aventuras, y me encontraré con esos personajes en mi imaginación. Y lo que no me pueda imaginar, me lo inventaré, sin ponerle límite alguno a mi fantasía. ¿Y quien sabe? Quizás algún día todo se haga realidad.